Peste bubónica en Puerto Rico, 1912

Columna originalmente publicada en 80 Grados, el 14 de agosto de 2020.

Por José G. Rigau Pérez

Puerto Rico Ilustrado

El aumento en velocidad y tamaño de los buques mercantes a finales del siglo XIX y principios del XX facilitó la dispersión de una pandemia poco recordada en estos tiempos en que sufrimos la del COVID-19: la peste bubónica. Es una enfermedad bacteriana transmitida por la mordedura de las pulgas, que, sin tratamiento antibiótico, es letal hasta en el 60% de los casos. Produce la hinchazón e inflamación de nódulos linfáticos, comúnmente en la ingle, axilas o cuello. Estas masas se conocieron como “bubones” (por el término griego para la ingle). El nombre de la enfermedad consiste entonces del término genérico “peste”, que representa cualquier enfermedad, aflicción o calamidad generalizada, y su signo clínico, los bubones. Si la infección se asienta en los pulmones, se la llama “peste neumónica”, una variante más peligrosa y además trasmisible directamente de persona a persona mediante las secreciones pulmonares.

El 14 de junio de 1912, un fallecimiento en el barrio sanjuanero de Puerta de Tierra preocupó a las autoridades, que tenían conocimiento de brotes epidémicos de peste en otros puntos del Caribe. El País contaba con la estructura sanitaria necesaria para una respuesta apropiada, rara situación en salud pública en casi cualquier lugar y tiempo. El conocimiento científico de la enfermedad y sus métodos de control tenían bases sólidas. La Isla acababa de reorganizar su Departamento de Sanidad, y el director de su laboratorio, Isaac González Martínez (1871-1954), mejor conocido por su trabajo posterior en prevención y tratamiento de cáncer, tenía experiencia con la enfermedad. Había participado en la comisión española que estudió el brote de peste bubónica en la ciudad de Oporto, Portugal en 1900.

“Los trabajos para combatir la peste, Puerto Rico Ilustrado, 20 de julio de 1912.

De parte del gobierno federal, el Servicio de Salud Pública (US Public Health Service – PHS), que bajo la Ley Foraker tenía un rol protagónico en los asuntos sanitarios insulares, había manejado otras epidemias de peste bubónica. Ese mismo año, el Congreso había extendido su jurisdicción en investigaciones sobre asuntos de salud.

A pesar de contar con los peritajes y las estructuras para lidiar con la crisis, la respuesta inicial no fue la mejor. Por principio de cuentas, ni el gobernador ni el Comisionado de Sanidad estaban en la Isla.  Lamentablemente, el gobierno perdió credibilidad con sus primeros anuncios, quizás por falta de experiencia pero ciertamente por un equivocado énfasis en tranquilizar, en vez de informar verazmente. El 17 de junio, informes separados de W.R. Watson (Director Interino de Sanidad) y S.B. Grubbs (Jefe de la Estación de Cuarentena, regentada por el PHS) indicaron que los casos sospechosos habían sido investigados: “el rumor de que estos casos sean peste bubónica es sumamente absurdo” (dijo Watson) y “la posibilidad de dicha pestilencia invadir Puerto Rico es muy remota” (dijo Grubbs). Valga señalar que en sus memorias, Grubbs solo recordó que “recomendamos a todos que no se asustaran”.

Al día siguiente, el doctor González Martínez informó resultados preliminares positivos a la enfermedad. El 19 de junio, el gobernador interino Carrell reconoció oficialmente la presencia de peste bubónica en San Juan, y solicitó ayuda adicional del PHS. La reacción del público apareció ilustrada en una caricatura de primera plana del periódico El Tiempo, el 21 de junio, con título entrecomillado para indicar ironía: “Prudentes medidas sanitarias”: una carrera de automóviles saliendo de la ciudad, dos con una bandera que dice “mieditis”. Tras los carros, salen volando gallinas de un gallinero.

“Prudentes medidas sanitarias”, El Tiempo, 21 de junio de 1912.

El 30 de junio se decidió que todo el trabajo relacionado con la erradicación de la peste estaría a cargo del PHS, pero el ejército, el Servicio Secreto Federal, y el Departamento de Sanidad de Puerto Rico también jugaron papeles importantes. Las medidas de control incluyeron la captura y eliminación de ratas, y un enorme esfuerzo de limpieza urbana que incluyó recogido de basuras y alteración estructural de edificios para eliminar criaderos potenciales de roedores.

Puerto Rico Ilustrado, 22 de junio de 1912.

La descripción de las medidas tomadas para la erradicación de la peste bubónica presenta un panorama de acciones gubernamentales rápidas y exhaustivas, que literalmente cambiaron el ordenamiento de la ciudad. A pesar de la oposición de la Liga de Propietarios, en menos de un mes se redactaron y promulgaron leyes nuevas para la regulación de estructuras a prueba de ratas. Por ejemplo, a los dueños de viviendas terreras, con piso de madera, se les exigió levantarlo sobre el suelo a una altura que permitiera mantener el área limpia o mejorar los cimientos para impedir la penetración del roedor a espacios ocultos. Los reglamentos ordenaban el almacenamiento de alimentos, el manejo eficiente de basura, la precaución con la siembra de árboles frutales que pudiesen alimentar las ratas y el mantenimiento, bajo condiciones adecuadas, de los establecimientos comerciales, gallineros y establos. “Toda palma de coco en los alrededores y suburbios de San Juan fue puesta a prueba de ratas”, según el Departamento de Sanidad. Aunque la destrucción de locales insalubres fue limitada y selectiva, provocó el desahucio de familias pobres y hubo fuertes críticas del público a la manera de operar del PHS. Sin embargo, y en contraste con experiencias previas en el continente, hubo poca tensión entre el gobierno local y el federal. A fin de cuentas, todos los altos cargos del gobierno insular eran nombramientos federales, y el PHS había desarrollado métodos eficientes para el control de peste bubónica en San Francisco (California) en 1907. Aun así, las normativas legales para evitar la infestación de roedores en edificios se formularon por primera vez en Puerto Rico.

“La peste bubónica en San Juan”, Puerto Rico Ilustrado, 22 de junio de 1912.

La epidemia duró tres meses (el último caso se registró el 13 de septiembre) y provocó un total 55 enfermos, residentes de San Juan (51), Carolina y Dorado. Todos manifestaron la variedad bubónica y 36 (65%) fallecieron. Se encontraron además ratas infectadas en Río Piedras, Caguas y Arecibo. No se pudo precisar la manera en que la peste se introdujo en la Isla, pero quedó la sospecha de que el contagio provino de Islas Canarias.

Otra epidemia de peste bubónica, en 1921, produjo 20 decesos (61%) en 33 casos de ocho municipios: San Juan (15 casos), Río Piedras (1), Carolina (4), Bayamón (1), Manatí (3), Arecibo (1), Juncos (1), y en Caguas (7). Aparecieron roedores infectados en Guaynabo y Fajardo. En 1921, ya bajo la Ley Jones, el Departamento de Sanidad dirigió la campaña contra la epidemia, con la asistencia de personal de la Fundación Rockefeller, que ya ayudaba a la agencia en otros proyectos. La peste no se ha detectado desde entonces en Puerto Rico. Luego de la segunda epidemia, el Departamento de Sanidad mantuvo un laboratorio de detección de peste por unos años, lo unió al Laboratorio Biológico (general) en 1929, y suprimió sus funciones unos años más tarde.

Todo esto está extensamente documentado en publicaciones locales y federales, a la espera de quien se interese por el proyecto de un análisis histórico cabal.

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Quien interese más información y referencias puede consultar:

Rigau-Pérez JG. El Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos en Puerto Rico, 1898-1918. Op. Cit. (Universidad de Puerto Rico) 19 (2009-2010): 143-177. https://revistas.upr.edu/index.php/opcit/article/view/8021/6590

Rigau-Pérez JG. The work of US Public Health Service officers in Puerto Rico, 1898-1919. P R Health Sci J 2017; 35: 130-139. http://prhsj.rcm.upr.edu/index.php/prhsj/article/view/1564/1080

José G. Rigau Pérez

Académico de número de la Academia Puertorriqueña de la Historia, médico epidemiólogo retirado del US Public Health Service y catedrático auxiliar ad honorem en las escuelas de Medicina y Salud Pública de la Universidad de Puerto Rico.